[77] ¿Por qué no…?

Últimamente en entrevistas cortas en las redes y en los periódicos, me doy cuenta de que es muy habitual preguntar a las personas si tienen algún «lema de vida». Yo debo ser muy superficial, porque nunca se me ha pasado por la cabeza plantearme uno. De hecho, estas cosas me parecen un punto pretenciosas. Pero te engañaría si te dijera que no hay ciertos pensamientos que me vuelven a la mente de una manera recurrente y que, con el tiempo, se convierten en actitudes vitales. Y una de las preguntas que me hago repetidamente, que influye inmensamente en mi manera de hacer —sobre todo en relación a la fotografía y a la cocina— es: «¿Por qué no…?»

Zanahorias

Me doy cuenta de que no soy ni un «pastelero» ni un «fotógrafo» ordinario. No hago ninguna de estas dos actividades mejor que otras personas: tengo poca formación, soy muy poco sistemático y, para colmo, ¡demasiado anárquico! Además, para bien o para mal, cuanto mayor me hago, más me gusta experimentar. A menudo se me ocurren unas ideas de bombero que están predestinadas a fracasar. Cualquier individuo en su sano juicio me pararía los pies y me diría: «No sigas por este camino. Es un terreno que ya han pisado cientos de otras personas antes que tú, y, si llevas la situación al límite, ¡lo único que conseguirás será crear monstruos grotescos!»

Pero, lejos de detenerme, ¡yo persisto! Y de esta persistencia, de esta pasión por tirar demasiado de la cuerda, surge la receta de hoy.

¡Retrocedamos! Un par de semanas atrás tenía deseo de preparar —y, sobre todo, de zamparme!— una tarta de zanahoria. Seguramente había pasado más de un año desde que no preparaba una. (Me temo que en otoño siempre me dan ganas, aunque no es una afirmación de la que pueda dejar constancia firme!) Casi siempre recurro a una receta que me da unos resultados bastante satisfactorios: un bizcocho tierno, húmedo y sabroso al que es difícil resistirse. Sólo hay una cosa que me fastidia profundamente: este tipo de bizcochos, los que llevan una cantidad considerable de grasa y que, por lo tanto, necesitan algún agente químico para crecer) pocas veces me quedan bien planos. Y no me convence para nada tener que desperdiciar una parte para que quede a punto para rellenar.

Zanahorias confitadas

Bueno, hay algo más que me fastidia… Hasta ahora no he encontrado ninguna receta de crema de queso (la pareja ideal de la tarta de zanahoria) fácil de trabajar: siempre me quedan un punto granulosas y el acabado no hace justicia a lo que merece un clásico de esta categoría. (Si sabes de alguna receta infalible, ¡ten piedad de mí!)

En todo caso, cuando tuve las dos bases de bizcocho listas delante de mis ojos —con sus protuberancias respectivas— me entró pereza y decidí que sería mejor guardarlo para los desayunos y meriendas semanales, sin relleno. Pero la idea del carrot cake todavía continuaba latente…

De mientras se me echó encima la fecha de la Castañada. Ya sabes que me gusta preparar todo tipo de panellets, clásicos y no tan clásicos. De hecho estaba decidido a publicar la receta de los de boniato violeta que tanto éxito tuvieron el año pasado en las redes, pero, sinceramente, ¡me «pilló el toro»! No tenía tiempo de redactarla y, mucho peor: mientras todos los hogares catalanes ya olían a castaña, ¡yo no tenía ni un triste panellet en la chistera!

Panellets, experimentación, ideas latentes (y pendientes)… ¿Te imaginas por dónde nos llevan los derroteros? Pues sí, decidí que este año los panellets «extraterrestres» (los no tan clásicos) serían de carrot cake. Sólo me faltaba imaginar cómo podía llevar una idea un poco descabellada a la realidad, como podía trasladar todos y cada uno de los elementos que definen una tarta de zanahoria (la zanahoria, las especias y la crema de queso) al formato de un panellet. Y es aquí donde entra con fuerza el «¡¿Por qué no?!».

Si añadimos boniato o patata a la masa de panellets, ¿por qué no podemos añadir zanahoria? Si tienes tantos años como yo, ¿no recuerdas que en los ochenta las bolas de zanahoria y coco estaban tan de moda? ¡Pues no hay tanta diferencia entre una cosa y la otra! Me imaginaba unos panellets de un color naranja intenso, lo que me impedía añadir especias a la masa. Sólo la habrían enturbiado. Pero eso no quitaba que pudiera mezclarlas con el azúcar de rebozar. Y por encima, el elemento transgresor, menos típico de un panellet: un botón de crema de queso, coronado, «¿por qué no?», ¡con un pedazo de zanahoria!

Tengo que reconocer que la idea y la realidad a veces están separadas por un inmenso agujero negro. La ejecución no me convenció y los panellets de tarta de zanahoria (por lo menos los de este año) de momento no entrarán en el recetario. Pero de toda aventura me llevo una experiencia positiva. Y este caso son: ¡las zanahorias confitadas!

Zanahorias confitadas/escarchadas

Se acerca una época, la de invierno, en la que muchos dulces tradicionales incluyen fruta confitada en la masa o bien como decoración. Pero… ¿te atreves a dar un paso más y probar de confitar una hortaliza? ¡Las zanahorias dan un resultado excelente!

Receta en: http://www.atresquartsdequinze.net/es/zanahorias-confitadas/ Fecha de publicación: 06/11/2019
Raciones: 20 bastoncitos (aprox.) Preparación: 3 días Cocción: 50 min (10 min por cocción)

Ingredientes

Unidades Métrico Volumen Ingrediente
100 gr de agua
125 gr de azúcar blanco granulado
2 o 3 zanahorias medianas
4 cápsulas de cardamomo
100 gr de azúcar blanco granulado adicionales (en medidas de 25 gr)

Organización

La preparación de esta receta se distribuye en tres días. Comporta muy poco trabajo, ya que las cocciones son cortas, pero hay que organizarse los tiempos. Lo más fácil es realizar las cocciones por la noche y a primera hora de la mañana. Pero si prefieres organizarte de otra forma, debes respetar un tiempo mínimo de 8 horas entre cocción y cocción para que la zanahoria se confite bien durante los periodos de reposo.

Preparación

  1. Pesa la primera cantidad de azúcar y el agua en un cazo pequeño apto para el fuego.
  2. Pela las zanahorias, córtalas en dos. Corta la parte superior de cada zanahoria en dos mitades longitudinalmente y cada mitad en tres bastoncitos. Corta la parte inferior de cada zanahoria también en dos mitades longitudinalmente y cada mitad en dos bastoncitos. Así cada bastoncito tendrá más o menos el mismo grosor.
  3. Pon las cápsulas de cardamomo y las zanahorias en el cazo. Asegúrate de que quedan cubiertas de líquido. Enciende el fuego. Cuando el almíbar hierva, baja el fuego (al nivel 3 o 4 de 9) y deja que las zanahorias hiervan durante diez minutos. Después de este tiempo, apaga el fuego, tapa el cazo con film de plástico y dejar reposar las zanahorias en el líquido durante 12 horas a temperatura ambiente.
  4. Al cabo de 12 horas, añade 25 gramos de azúcar al almíbar y repite la operación. Dejar hervir las zanahorias durante diez minutos a fuego bajo y, después, déjalas en reposo 12 horas más.
  5. Repite la operación con los 75 gramos de azúcar restantes (de 25 gramos en 25 gramos) en tres tandas más de cocción y reposo.
  6. Después de la última cocción, con unas pinzas retira inmediatamente las zanahorias del almíbar, que habrá espesado mucho, y coloca los bastoncitos encima de una hoja papel de horno. Dejalas secar antes de envasar.
  7. Se conservan en la nevera varias semanas, y el congelador, varios meses.
zanahorias confitadas

USOS

Si eres fan de la fruta escarchada, tienes muchas posibilidades:

  • Puedes bañar los bastoncitos de zanahoria con chocolate templado.
  • Puedes utilitzarlos para decorar una tarta de zanahoria con crema de queso.
  • Puedes incorporarlos a la masa de un panettone, de un Stollen o de un cake de fruta.
  • Puedes utilizarlos en una coca de brioche en lugar de otras frutas confitadas.

LABORATORIO

Variaciones

Otras frutas y verduras

En realidad con esta receta aprendes una de las técnicas habituales para confitar con jarabe de azúcar. Por lo tanto, puedes utilizar cualquier otra fruta o verdura que se te ocurra lo suficientemente consistente para aguantar las cocciones. De hecho, la fruta se hierve a fuego suave y durante poco rato cada vez justamente por este motivo, para evitar que pierda la forma.

También puedes aromatizar la fruta o verdura confitada con todo tipo de especias. ¡A mi se me ocurren algunas combinaciones bastante buenas!

Escalabilidad

Esta receta es fácilmente adaptable a otras cantidades. Para la primera cocción se utilizan 4 partes de agua por 5 partes de azúcar (las cantidades suficientes para cubrir la fruta o verdura que quieras confitar). Para las cocciones posteriores, se añade 1 parte de azúcar cada vez (4 partes en total).

RECURSOS

La receta

En esta ocasión parto de una receta de mandarinas confitadas de Webos Fritos, un blog archiconocido. Susana, a la vez, bebe de una receta de Sébastien Serveau.

Yo he adaptado las cantidades, he añadido especias para aromatizar las zanahorias y he añadido también una cocción más para conseguir una textura bien crujiente sin necesidad de secar la «fruta» al horno al final del proceso.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *