[72] Experimentar antes de volver a los clásicos

Últimamente parece que pase por una segunda adolescencia. ¡No! No es que esté especialmente alocado. De hecho, diría que no lo estuve mucho ni siquiera durante la «primera adolescencia». Pero, sin embargo, quemo etapas de repostería a una velocidad de vértigo. En el último año he preparado por primera vez decenas de panes dulces, postres y pasteles que nunca había hecho, la mayoría de los cuales ni siquiera había probado.

Me muevo entre dos corrientes contrapuestas: una que me estimula a seguir adelante, a probar cosas nuevas, a no repetir nunca el mismo; y otra que, al contrario, me saca el espíritu perfeccionista y hace que de vez en cuando me detenga y, en el transcurso de una semana o quince días, repita una receta una y otra vez hasta que considero que ya la tengo mínimamente controlada (o bien que las personas de mi alrededor ya se han cansado, o bien que ya la he «destrozado» suficientemente con mis experimentos).

Clafoutis de té verde y cerezas

El clafoutis es uno de estos «descubrimientos» recientes: un postre de molde con textura entre una quiche y un pudín, relleno de frutos de hueso e ideal para compartir a cucharadas. Por favor, no te cebes mucho conmigo… Ya sé que no es ninguna novedad, que seguramente todo el mundo lo ha probado e incluso quizás tu lo hayas preparado unas cuantas veces. Y que seguramente hay tantas recetas como familias en Occitania y, por extensión, en Francia, en los territorios de ultramar y en blogs de repostería. Pero, lo parezca o no, para mi hay muchas cosas que son una novedad. Y este postre es una de ellas.

Probé mi primer clafoutis el 26 de julio de 2014, hace poco más de «cuatro días». En aquella ocasión lo preparó Maria siguiendo una receta de la Fonda Europa. Y lo hizo para celebrar su cumpleaños con un déjuner compartido sur l’herbe (puedes leer la crónica que hizo entonces Rosa Mary de dicho encuentro). ¡El clafoutis de María era excelso, al igual que el resto de postres que llevó para la ocasión (una tarte aux Cerises y coulants)! Descubrir algo tan bueno con más de cuarenta años de edad casi me sacó los colores. Así que, para subsanar «un error vital tan grave», probé de hacer uno a los pocos días. Si te soy sincero, el resultado pasó sin pena ni gloria. A nadie le sacó el sueño e, inevitablemente, el clafoutis cayó otra vez en el olvido. ¡Todo tiene su momento y aquel no sería el adecuado!

Clafoutis de té verde y cerezas

Hace unos días compré unas cerezas deliciosas. Ya lo sé: la mayor parte de las veces, cuando más se saborea un fruto es cuando se come fresco. ¡Pero no puedo negar que la tentación de incluirlo en un pastel o un postre me supera! En esta ocasión —cosa extraña!— no me quería complicar demasiado la existencia: quería preparar una receta fácil, rápida y veraniega de un postre que me pudiera llevar a una salida de dos días fuera de casa. Se me ocurrió dar al clafoutis una segunda oportunidad.

Después de buscar en los libros de casa —que ya son bastante numerosos y, algunos de los cuales, en francés— y no encontrar ninguna receta que me convenciera, pasé directamente a la red. Hubiera querido retomar las relaciones con el clafoutis a través de una receta clásica y genuina. Pero, sinceramente, hay tantas y son todas tan similares pero a la vez tan diferentes, que hablar de genuinidad es un poco peligroso. Finalmente me pasé al otro bando y me convenció una receta de Pamela Rodríguez para Directo al paladar. Lleva un ingrediente «traidor», almendra, que generalmente no aparece en la versión más clásica de este postre, pero que le da un toque muy mediterráneo. ¡El resultado me reconcilió de una vez por todas con el clafoutis!

Este viernes pasado decidí dar un paso más en «la destrucción» del clafoutis clásico. Ya te habrás dado cuenta de que últimamente tengo cierta obsesión por los colores intensos y por ciertos ingredientes. No podía dejar de probar una combinación de elementos que, sin haber estado nunca ni saber cómo las dan, me transporta en el país del sol naciente: el té matcha y las cerezas. Por otra parte, la inclusión de té verde en un postre occitanas vuelve a ser un pequeño homenaje a Sadaharu Aoki, el precursor de la fusión de las culturas francesa y japonesa en la pastelería. Nada más adecuado para una cena con Miquel, Eduard y Jordi, Mari Luz y Germán.

Si te convence la receta, puedes preparar estos clafoutis como yo, en moldes pequeños (para dos personas), o bien en un molde más grande. En cualquier caso, te recomiendo dos cosas. En primer lugar, que uses té matcha con chlorella: es el único que mantiene el tono verde intenso tras la cocción. Y, en segundo lugar, que dejes el hueso a las cerezas: evita que el jugo se mezcle con la masa y, además, da un sabor a almendra amarga muy especial. Si te gusta el resultado de aspecto más casero también puedes dejar los pecíolos. ¡Buen provecho!

Clafoutis de té verde y cerezas

No hay nada tan genuinamente francés como un buen clafoutis de cerezas. Pero si añadimos un punto de té verde en polvo, conseguimos una fusión que nos transporta al país del sol naciente.

Receta en: http://www.atresquartsdequinze.net/clafoutis-de-te-verd-i-cireres/ Fecha de publicación: 21/06/2017
Raciones: 4 clafoutis de 11-13 cm (de dos raciones, para compartir) Preparación: 45 min (total)

Ingredientes

Unidades Métrico Volumen Ingrediente
4 240 gr huevos (L)
160 gr de azúcar blanco granulado
200 gr (ml) de leche entera
60 gr de harina de almendra
40 gr de harina floja
3 gr 1 c/p de té matcha con chlorella
28 (aprox.) cerezas rojas
azúcar glas para decorar

Preparación

  1. Pesa y prepara todos los ingredientes. Lava 7 cerezas por molde y sécalas con un paño o con papel de cocina. Si deseas que los clafoutis queden más rústicos, deja los pecíolos.
  2. Precalienta el horno a 170 °C con calor arriba y abajo.
  3. Unta con mantequilla cuatro moldes bajos de cerámica de unos 11-13 cm de diámetro.
  4. Pon los huevos, el azúcar y la leche en un bol mediano. Bátelos un momento con las varillas de mano o eléctricas, hasta que todos los ingredientes estén integrados.
  5. En un bol pequeño tamiza juntos la harina y el té matcha con chlorella. Añade la harina de almendra e incorpóralo todo junto a la mezcla de huevos, azúcar y leche. Bate justo para integrar los ingredientes secos al líquido.
  6. Distribuye la masa de clafoutis en los cuatro moldes y las cerezas: una en medio y seis alrededor.
  7. Hornea los clafoutis a 180 °C entre 25 y 30 minutos. (El tiempo de cocción depende de la cantidad de masa y puede variar un poco.)
  8. Cuando estén cocidos, sácalos del horno y dejalos templar encima de una rejilla de repostería. Se pueden consumir tibios o bien completamente fríos, espolvoreados con un poco de azúcar glas con la ayuda de un colador pequeño.
Clafoutis de té verde y cerezas

QUÉ ES

El clafoutis es un pastel típico de la cocina occitana originario de la región de Limousin. Está formado por una base de huevo, azúcar, leche y harina (de una consistencia similar a la de una quiche sin base) adornada con frutos de hueso. El más clásico es de cerezas, pero también se prepara con ciruelas y otros frutos de hueso.

El nombre de este pastel proviene del verbo clafin, que significa «llenar apretadamente», en referencia a la fruta con la que se adorna el pastel.

Para más información, mira la entrada de la Wikipedia en español o en inglés.

LABORATORIO

Variaciones

La masa

  • Si deseas un clafoutis de sabor más neutro, puedes suprimir el té matcha y sustituirlo por un poco de extracto de vainilla.
  • Y si aún lo deseas más clásico, sustituye la harina de almendra por la misma cantidad de harina floja. En este caso, el peso total de harina de trigo será de 100 gr.

El «relleno»

  • Aparte del de cerezas, el otro gran clafoutis clásico lleva ciruelas. Pero puedes dejar volar la imaginación y utilizar otros frutos de hueso.

RECURSOS

La receta

 

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